GRANDES TIMOS DE LA HISTORIA - EL HOMBRE QUE VENDIO LA TORRE EIFFEL




Aunque España esté a la cabeza en número de truhanes, es un checo el que tiene el dudoso mérito de haber pasado a la historia como el estafador más osado: Victor Lustig consiguió vender la Torre Eiffel, el emblema de París.

Victor Lustig nació el 1890 en Hostinne, localidad entonces perteneciente al imperio austrohúngaro. Hijo del burgomaestre de la ciudad, recibió una excelente educación, especializándose en idiomas. Pero por lo visto, para Lustig era más importante ganar dinero que los estudios. Joven y ambicioso, se trasladó al París de la 'belle epoque' donde ejerció de proxeneta y experto tahúr. Transformado en un elegante jugador de póquer, consiguió 'desplumar', gracias a repentinos golpes de suerte, a los grandes hombres de negocios que viajaban entre Francia y Estados Unidos en los lujosos navíos de la época. A pesar de soportar hasta 47 denuncias por tramposo, nunca fue arrestado por falta de pruebas. Pero el verdadero golpe de efecto estaba por llegar. 

A finales de 1925 y enterado de que la alcaldía de París tenía dificultades financieras para efectuar urgentes reparaciones en la Torre Eiffel (construida en 1889), urdió la trama. Gracias a un falsificador consiguió varias hojas en blanco, sobres y matasellos con el encabezamiento de la Alcaldía de París, y citó por escrito a los cinco más importantes compradores de chatarra de la región para proponerles un gran negocio. En una reunión en un hotel de lujo, y entre canapés y champán, les dijo que era el encargado municipal para vender la torre al mejor postor ante las dificultades de su reparación. A los dos días, Lustig recibía cinco sobres sellados con las respectivas ofertas. Él sólo se interesó por la del comprador que ya en la reunión previa se mostró más ambicioso e ingenuo a la vez: André Poisson. Lo citó al día siguiente para comunicarle que su oferta era la elegida. También le dijo que en estos casos se acostumbraba hacerle llegar discretamente al señor alcalde una suma 'correcta' en efectivo para agradecerle su apoyo. La respuesta del chatarrero era la esperada por Lustig, a la mañana siguiente se presentó con un abultado sobre repleto de billetes. Por la tarde quedaron para, una vez redactado el contrato, proceder a su firma. Pero para esas horas, Lustig ya había puesto tierra de por medio. 

Poisson murió al poco tiempo del disgusto y del bochorno cuando se enteró del enorme timo que él protagonizó.

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